México y su compromiso con el regionalismo abierto en AL

El Economista/Gerardo Traslosheros

El gobierno deberá demostrar que puede reducir la desigualdad implementando políticas sociales en un ambiente de libre comercio.

La Alianza del Pacífico (AP) es un bloque comercial abierto entre México, Chile, Colombia y Perú. Cada socio cuenta con una extensa red de acuerdos que incluyen a la Unión Europea, Japón, Estados Unidos y China. Salvo Colombia, los otros tres son socios del CPTPP. Estos acuerdos significan compromisos de apertura casi imposibles de revertir. La AP negocia con Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Singapur y, en un futuro, con Corea del Sur. La AP ha mostrado en general tasas razonables pero mejorables de crecimiento per cápita, pero tiene pendiente reducir la desigualdad. La apertura puede y debe ser compatible con democracia y justicia social, como lo demuestran los países nórdicos en Europa.

El Mercosur es un bloque cerrado cuyos socios están impedidos de negociar individualmente acuerdos comerciales más allá de América Latina. Sus compromisos de apertura son tenues, habiendo apoyado a Cuba y Venezuela a pesar de sus déficits democráticos, económicos y humanitarios. Durante años buscó ampliarse a toda América del Sur bajo la hoy extinta Unasur y dio el tiro de gracia a la ALCA. Es en principio una unión aduanera con aspiraciones de mercado común, pero con graves fallas de integración, y que no ha reducido la desigualdad. Tardaron 20 años en negociar un acuerdo con la UE cuya ratificación está en duda. La relación Brasil-Argentina se antoja compleja por el posible triunfo de la dupla Fernández-Kirchner, lo que podría acabar con el Mercosur por sus serias diferencias de visión con Bolsonaro. Como remate, no se descartaría una negociación entre EU y Brasil.

El ciclo político entre gobiernos de derecha pro libre mercado y gobiernos estatizantes de izquierda ha sido un rasgo distintivo de América Latina que hay que romper. El peor escenario es cuando los gobiernos de cualquier signo buscan perpetuarse para evitar ser escrutados.

El gobierno de la 4T es peculiar, pues presume simpatizar con Cuba y Venezuela, pero mantiene a toda costa el libre comercio y la relación con EU, respondiendo a presiones migratorias o de seguridad esperando consumar el T-MEC. Su gran reto es demostrar que es capaz de reducir la desigualdad implementando políticas públicas y sociales eficientes, en un ambiente democrático de apertura de mercados y sin corrupción, de manera sostenible mediante incrementos en la productividad y los salarios en asociación con su sector privado.

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